Bajo el suelo de Pereira
El desarrollo de las ciudades ha impactado profundamente los ecosistemas naturales y las fuentes hídricas en el mundo. En Pereira, la antigua quebrada Egoyá marcaba el límite urbano natural junto a las microcuencas de La Arenosa y La Dulcera.
Sin embargo, con el boom cafetero de la década de 1930 y la llegada del ferrocarril, la zona aledaña al centro fundacional y al actual Parque Olaya comenzó a transformarse rápidamente.
Foto tomada de internet
Soluciones y condiciones del cauce
Los vertimientos sin tratamiento provenientes del matadero municipal convirtieron el cauce natural en una cloaca a cielo abierto, lo que llevó a las autoridades de la época a optar por una solución de ingeniería técnica apresurada: encajonar la corriente en una estructura de concreto o ‘bosculver’.
Con el paso de las décadas y la falta de mantenimiento entre 1900 y 1950, la estructura colapsó, dando paso a la colocación masiva de rellenos antrópicos compuestos por escombros, ladrillos y desechos de construcción. Así, la cuenca quedó enterrada desde la carrera 12 hasta el sector de Turín, superponiendo capas inestables sobre el terreno natural firme de cenizas volcánicas.
Esta condición geotécnica representa una grave amenaza sísmica en una región caracterizada por terremotos recurrentes, como los ocurridos en 1995, 1999 y el 10 de agosto de 2026. Mientras grandes obras cimentadas sobre suelo firme como el Viaducto o las torres de El Diario del Otún han resistido, las edificaciones levantadas sobre rellenos antrópicos son altamente vulnerables a colapsar.
Desafíos que enfrenta Pereira debido al Egoyá
El desafío técnico se agrava por el rezago en los estudios de vulnerabilidad.
Según recomendaciones técnicas basadas en estudios de la Universidad de Stanford, Pereira opera con un estudio de microzonificación sísmica de apenas cinco espectros, en contraste con ciudades vecinas como Manizales, que manejan cerca de 1.200 espectros. Esta disparidad hace indispensable actualizar con urgencia el Plan de Ordenamiento Territorial (POT).
Más allá de la ingeniería, la crisis del colector Egoyá exige una profunda responsabilidad ética, política y ambiental por parte de la planeación municipal, las curadurías y las constructoras al autorizar edificaciones en zonas de alto riesgo. La solución definitiva no radica en simples parches estructurales, sino en cambiar el paradigma hacia un modelo simbiótico entre la arquitectura y la naturaleza, orientado a la regeneración paulatina de la cuenca y a la protección innegociable de la vida humana.
