Los ríos que desaparecieron bajo las ciudades; corrientes de agua que siguen su curso bajo el asfalto

El crecimiento de las ciudades ha transformado los paisajes naturales que existían antes de su expansión. Entre esos cambios se encuentra la intervención de ríos y quebradas que, en diferentes lugares del mundo, fueron canalizados, cubiertos o incorporados a sistemas subterráneos para dar paso a calles, avenidas y nuevas construcciones.

Aunque muchos de estos cuerpos de agua dejaron de ser visibles, algunos continúan recorriendo el subsuelo de las ciudades. Esta transformación no es exclusiva de un territorio: ciudades como Londres, París y Seúl, al igual que Bogotá y Medellín, han experimentado procesos similares.

Pero ¿por qué las ciudades decidieron cubrir sus fuentes de agua y qué ocurrió con esos cauces después de desaparecer del paisaje urbano?

Londres y París: ríos que quedaron bajo las calles

En Londres, Inglaterra, uno de los casos más representativos es el río Fleet, una corriente que durante siglos fue importante para las actividades comerciales y la vida cotidiana de sus habitantes. Sin embargo, con el crecimiento de la población, comenzó a recibir residuos y aguas contaminadas, hasta convertirse en un problema sanitario.

De acuerdo con el London Museum, en su investigación sobre los ríos desaparecidos de la capital británica, el Fleet fue cubierto progresivamente y sus aguas terminaron incorporadas a la infraestructura subterránea de alcantarillado. Actualmente, el río permanece bajo las calles de Londres, aunque ya no hace parte de su paisaje visible.

Una situación similar ocurrió en París, Francia, con el río Bièvre. Esta corriente atravesaba sectores de la ciudad y fue aprovechada durante siglos por diferentes actividades industriales, especialmente curtiembres y talleres textiles. Sin embargo, la contaminación generada por estas actividades deterioró sus condiciones ambientales.

Según explica el Ayuntamiento de París en su investigación sobre la historia del río Bièvre, el río fue canalizado y cubierto progresivamente hasta desaparecer del paisaje urbano en 1912. Actualmente, existen iniciativas para recuperar algunos de sus tramos y devolverle espacio dentro de la ciudad.

Imagen del río en su recorrido subterráneo, entre túneles de ladrillo. Representa cómo permanece oculto bajo la ciudad.
Fotografía histórica de las obras de cubrimiento del río, una imagen que muestra cómo fue transformándose su cauce.

Seúl: cuando una ciudad decide recuperar su río

No todas las historias de ríos enterrados terminan con su permanencia bajo el pavimento. En Seúl, Corea del Sur, el arroyo Cheonggyecheon representa un ejemplo de recuperación de un cauce urbano.

Durante el crecimiento de la capital surcoreana, esta corriente fue cubierta con concreto y posteriormente quedó debajo de una importante infraestructura vial. El proyecto de modernización de la ciudad priorizó durante décadas la construcción de vías para el transporte vehicular.

Sin embargo, en 2003 comenzó un proyecto para retirar la autopista elevada y recuperar el espacio del arroyo. La intervención permitió que el agua volviera a ser visible en el centro de Seúl y que sus alrededores se transformaran en un espacio público para los ciudadanos.

El caso está documentado por el Gobierno de Seúl en su publicación sobre la recuperación del arroyo Cheonggyecheon, donde se explica cómo la recuperación del cauce también buscó mejorar las condiciones ambientales y recuperar elementos históricos de la ciudad.

Colombia: ríos que también quedaron bajo el asfalto

¿Qué sucede cuando las ciudades ocultan sus fuentes de agua?

La canalización y el cubrimiento de los ríos responden a diferentes momentos de la historia urbana. En muchos casos, estas intervenciones estuvieron relacionadas con problemas sanitarios, contaminación, inundaciones y necesidades de movilidad. Sin embargo, también modificaron la relación de las ciudades con sus ecosistemas.

Cuando una corriente de agua queda cubierta, se pierde parte de su presencia en el paisaje y se reduce el contacto cotidiano de los habitantes con ella. Además, las intervenciones pueden afectar los ecosistemas, alterar la dinámica natural del agua y generar nuevos desafíos para el manejo de las lluvias.

Por eso, algunas ciudades han comenzado a revisar las decisiones tomadas durante sus procesos de expansión y a desarrollar proyectos para recuperar sus fuentes hídricas.

 

Los ríos no desaparecen cuando dejamos de verlos

Las experiencias de Londres, París, Seúl, Bogotá y Medellín muestran que el crecimiento urbano puede transformar profundamente los cuerpos de agua que atraviesan un territorio. En algunos lugares, sus cauces terminaron integrados a sistemas subterráneos; en otros, existen iniciativas para recuperar su presencia y devolverles un espacio dentro de la ciudad.

Estas historias también permiten comprender que la relación entre las ciudades y sus fuentes hídricas no termina cuando el agua deja de ser visible. Debajo de muchas calles permanecen corrientes que hicieron parte de la historia de sus habitantes y que todavía representan un desafío para la planificación urbana y la protección ambiental.

Lo que ocurre en otras ciudades del mundo también permite mirar hacia territorios como Pereira, donde la quebrada Egoyá hace parte de una historia de transformación urbana que merece ser conocida. Comprender estos antecedentes ayuda a reconocer que, detrás de las calles y construcciones que transitamos diariamente, también existe una memoria natural que no debería quedar en el olvido.

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